C.P. la mejor de mis historias.

La noche pronosticaba lluvias, pero eso no impedía que nuestros ánimos subieran. Todo pintaba para un fin de semana igual que el de los últimos 3 meses: salir con los amigos, tomar cerveza, algo de whisky y una carne asada. Llegamos a una tienda de servicio exprés para realizar nuestras compras, nada exagerado, un par de bolsas de hielo, una botella de whisky, bebidas energizantes y un par de paquetes de 24 latas de cerveza. Después de pagar y salir es cuando la vi… estaba sentada en su camioneta mandando mensajes mientras su mamá y su sobrina realizaban las compras en dicha tienda. En ese momento sentí que el tiempo literalmente se detenía, ahí estaba yo, embelesado, viéndola… ella no reparó en mi presencia sino hasta instantes después. Se me quedó viendo y yo quedé inmóvil… sus hermosos ojos cafés me habían hipnotizado al grado que mi primo me tuvo que sacar de ese trance al moverme y decirme que teníamos que irnos. Le di una mirada por última vez a sus ojos y le dediqué una sonrisa tímida, más por pena que por educación, porque jamás me había comportado de esa manera. Atisbé una pequeña mueca de sonrisa en ella, que después supe fue más con miedo que por corresponderme.

 

Mi primo, al darse cuenta de la situación, te reconoció y mencionó tu nombre. Me dijo que eras amiga de una ex-novia, o de la novia de un amigo de él, la verdad no puse mucha atención porque estaba tratando de grabarme tu nombre para después probar fortuna y ver si podría localizarte en alguna red social. La noche pasó de lo más normal, cenamos, bebimos, cantamos, reímos, nos divertimos sanamente y terminamos por irnos a descansar. Al día siguiente, aún tenía esos hermosos ojos, pero ya con un nombre, en mi mente. Busqué en las redes sociales y tuve la dicha de encontrarte, vi tu perfil, rezando para que no fuera privado y cerciorarme de que eras tú, y así fue. Me emocioné, lo admito, te mandé un mensaje en privado con la ilusión de poder entablar una conversación contigo y disculparme por el atrevimiento primero de lo ocurrido la noche anterior y después por enviarte ese mensaje sin conocerte.

 

Pero esperé en vano… no hubo respuesta, esperé por algunos días, semanas, y nada. Me desanimé un poco, pero hice algo que normalmente no hago, te envié una solicitud de amistad, pasaron otros días, y perdí toda esperanza, no creí que me aceptaras, pero lo hiciste. Te mandé un mensaje y empezamos a platicar, me presenté te dije quién era, de dónde te conocía, lo que había pasado aquella noche, pero tú no me recordabas. Sentí pena por mí, era lógico pensar que no te acordaras de esa noche después de tanto tiempo. Me desanimé y di por enterrado ese asunto. Traté de seguir mi vida de manera normal, pero el hecho de tenerte agregada a mi red social, ver tus estados, tus fotos, los enlaces que compartías, tus comentarios chuscos, me complicaban un poco el poder renunciar a ti.

 

Un día escribiste en uno de tus estados de ánimo lo mal que te sentías, te mandé un mensaje en privado y no me respondiste. Yo imaginé que no estabas interesada en hacerlo y fue que empecé a hacerme la idea que era mejor así. Pasaron más días y semanas, yo estaba revisando mis correos cuando me llegó un mensaje tuyo disculpándote porque normalmente nunca checas los mensajes privados porque eran muy incómodos y tardados con esa red social, recordaste quien era, dónde me habías visto y hasta lo que llevábamos esa noche. Fue una situación demasiado cómica el acordarnos de todo eso y de ver que en lugar de sentir intriga hacia mi persona, te dio miedo que les fuéramos a hacer algo. Seguimos platicando, intercambiamos números  y nuestra relación se fortificó un poco más. Ya no éramos dos desconocidos que el destino presentó en el estacionamiento de una tienda, éramos amigos. Después de nuestros constantes mensajes vinieron las llamadas nocturnas, no me importaba desvelarme si tú eras la causa, aun sabiendo que tenía que despertarme a las 4:30 AM. Nada de eso importaba con tal de oír tu voz.

 

Me sentía ilusionado, creí que por fin Dios se había acordado de mí… pero nada dura para siempre. La ilusión se convirtió en desencanto, las malas influencias, los comentarios malintencionados, los malos pensamientos y la falta de confianza, hicieron presencia en esa relación tan hermosa que yo creí que teníamos y terminó mandando todo al diablo. Te dijeron que era casado y les creíste, dijiste que habías confiado en mí y me cuestionaste el por qué te había mentido. Traté de explicarte, de decirte que todo era una vil mentira, que no creyeras nada de lo que te habían dicho. Me comprometí a llevarte a mi casa y presentarte a mi familia para que salieras de dudas. Llegué al grado de ofrecerte mi contraseña de la red social para que te dieras cuenta que no era cierto, pero no me respondiste, ni los mensajes, ni mis llamadas. Dolió… mucho… no te voy a mentir, los últimos días he aparentado una fortaleza que en mi intimidad se derrumba para dar paso a la tristeza, la melancolía y la impotencia de no saber nada de ti.

 

De repente aquí estabas… de nuevo… disculpándote como la primera vez, diciendo que me habías leído, que pensaste mucho en lo que te había dicho, pero nunca dijiste si seguíamos igual aunque tampoco te alejaste. Mis castillos en el aire ya eran ruinas, derribaste mis murallas con una mirada, me rompiste el corazón con tu indiferencia y mis ánimos quedaron por el suelo. No sabía qué pensar, no sabía a dónde nos llevaría esto ni lo que nos tuviera deparado el futuro, quise pelear por ti, darnos otra oportunidad pero sólo tú tenías la decisión.

 

No hubo respuesta alguna, así que opté por alejarme de ti y cortar de tajo todo contacto contigo. Entendí que el daño ya estaba hecho y no podía hacer nada para resarcirlo. Terminamos tal como al inicio… como dos perfectos extraños. No te deseo ningún mal, al contrario, te deseo todo lo mejor del mundo porque eres una hermosa persona. Fue grandioso lo que vivimos y siempre estaré agradecido con Dios por haberte conocido. Fuiste lo mejor que me pasó este año, fuiste y siempre serás… la mejor de mis historias.


JMRL

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