Archivo mensual: junio 2007

El Rey y la Plebeya (2a. Parte)

 
El papá le preguntó: "¿Qué fue lo que te ocurrió?, estabas a un paso de lograr la meta, ¿Por qué perdiste esa oportunidad? ¿Por qué te retiraste?".

Con profunda consternación y algunas lágrimas mal disimuladas, contestó en voz baja: "Él no me ahorró ni un día de sufrimiento, ni siquiera una hora. No merecía mi amor…"

El merecimiento no siempre es egolatría, sino dignidad. Cuando das lo mejor de ti mismo(a) a otra persona, cuando decides compartir la vida, cuando abres tu corazón de par en par y desnudas el alma hasta el último rincón, cuando pierdes la "pose" cuando los secretos dejan de serlo, al menos mereces comprensión.

Que se menosprecie, ignore o desconozca fríamente el sacrificio, el amor que regalas a manos llenas es desconsideración o, en el mejor de los casos, ligereza.

Cuando das todo por algo o alguien que además de no corresponderte desprecia tu esfuerzo, tu devoción y te hiere, estás en el lugar equivocado. Esa persona no es merecedora del afecto que le prodigas. La cosa es clara: si no te sientes bien recibido en algún lugar, empaca y vete.

No te quedes tratando de agradar y disculpándote por no ser como a ese alguien le gustaría que fueras. No hay vuelta de hoja. En cualquier relación que tengas, no te merece quien no te aprecie, y menos aún, quien no te acepte como eres . Retirarse a tiempo con la satisfacción de haber dado lo mejor de ti mismo ¡NO TIENE PRECIO! 

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