Archivo mensual: mayo 2007

El Rey y la Plebeya

 
Cuentan que habí­a una vez un Rey muy apuesto que estaba buscando esposa. Por su Palacio pasaron todas las mujeres más hermosas del reino y de otros más lejanos; muchas le ofrecían además de su belleza y encantos muchas riquezas, pero ninguna lo satisfacía tanto como para convertirse en su Reina.
 
Cierto dia llegó una Plebeya al Palacio de este Rey y con mucha lucha consiguió una audiencia. "No tengo nada material que ofrecerte; sólo puedo darte el gran amor que siento por ti", le dijo al Rey. "Puedo hacer algo para demostrarte ese amor".
 
Esto despertó la curiosidad del Rey, quien le pidió que le dijera "¿Qué sería eso que podía hacer?". "Pasar 100 días en tu balcón, sin comer ni beber nada, expuesta a la lluvia, al sereno, al sol y al frío de la noche… Si puedo soportar estos 100 días, entonces me convertirás en tu esposa".
 
El Rey, sorprendido más que conmovido, le dijo: "Acepto… Si una mujer puede hacer todo esto por mi, es digna de ser mi esposa", y dicho esto, la mujer empezó su sacrificio.
 
Empezaron a pasar los días y la mujer valientemente soportaba las peores tempestades, muchas veces sentía que desfallecía del hambre y el frío, pero la alentaba imaginarse finalmente al lado de su gran amor. De vez en cuando, el Rey asomaba la cara desde la comodidad de su habitación para verla y le hacía señales de aliento con el pulgar, y así fue pasando el tiempo… 20… 50 días…
 
La gente del reino estaba feliz, pues pensaban "¡Por fin tendremos una Reina!"… 90 días… y el Rey continuaba asomando su cabeza de vez en cuando para ver los progresos de la mujer. "Esta mujer es increíble" pensaba para si mismo y volvía a darle alientos con señas.
 
Al fin llegó el día 99 y todo el pueblo empezó a reunirse en las afueras del Palacio para ver el momento en que aquella Plebeya se convertiría en Esposa del Rey.
 
Fueron contando las horas… ¡A las 12 de la noche de ese día tendrían Reina!… la pobre mujer estaba muy desmejorada; había enflaquecido mucho y contraído enfermedades, y entonces sucedió… A las 11:00 de la noche de aquel día 99, faltando apenas una hora para que llegara el día 100, la valiente mujer se rindió y decidió retirarse de aquel Palacio. Dio una triste mirada al sorprendido Rey y sin decir ni media palabra se marchó. ¡La gente estaba conmocionada! Nadie podía entender ¿Por qué aquella valiente mujer se había rendido faltando tan solo 1 hora para ver sus sueños convertirse en realidad? ¡Había soportado tanto!.
 
Al llegar a su casa, su padre se había enterado ya de lo ocurrido… Le preguntó: "¿Por qué te rendiste a tan solo instantes de ser la Reina?" Y ante su asombro ella respondió:"Estuve 99 dí­as y 23 horas en su balcón, soportando todo tipo de calamidades y no fue capaz de liberarme de ese sacrificio. Me veía padecer y sólo me alentaba a continuar, sin mostrar siquiera un poco de piedad ante mi sufrimiento. Esperé todo este tiempo un poco de bondad y consideración que nunca llegaron. Entonces entendí: una persona tan egoista, desconsiderada y ciega, que solo piensa en si misma, no merece mi Amor".
 
Moraleja: Cuando ames a alguien y sientas que para mantener a esa persona a tu lado tienes que sufrir, sacrificar tu escencia y hasta rogar… Aunque te duela, retirate. Y no tanto porque las cosas se tornen difíciles, sino porque quién no te haga sentir valorado(a), quién no sea capaz de dar lo mismo que tú, quién no pueda establecer el mismo compromiso, la misma entrega, SIMPLEMENTE… NO TE MERECE.
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Aprendiendo…

 
    Después de un tiempo, uno aprende la sutil diferencia  entre sostener una mano y encadenar un alma; y uno aprende  que el amor no significa acostarse y que una compañía no  significa seguridad, y uno empieza a aprender…
 
    Que los besos no son contratos y los regalos no son  promesas, y uno empieza a aceptar sus derrotas con la  cabeza alta y los ojos abiertos, y uno aprende a construir  todos sus caminos en el hoy, porque el terreno de mañana  es demasiado inseguro para planes… y los futuros tienen una especial forma de caerse en la mitad. 
 
    Y después de un tiempo uno aprende que si es demasiado, hasta el calor del sol quema. Así que uno planta su propio  jardín y decora su propia alma, en lugar de esperar a que  alguien le traiga flores.
 
    Y uno aprende que realmente puede aguantar, que uno  realmente es fuerte, que uno realmente vale, y uno aprende  y aprende… y con cada día uno aprende. 
 
    Con el tiempo aprendes que estar con alguien porque  te ofrece un buen futuro significa que tarde o temprano  querrás volver a tu pasado.  
 
    Con el tiempo comprendes que solo quien es capaz de  amarte con tus defectos, sin pretender cambiarte, puede brindarte toda la felicidad que deseas.
 
    Con el tiempo te das cuenta de que si estas al lado de  esa persona solo por acompañar tu soledad, irremediablemente acabaras deseando no volver a verla.
 
    Con el tiempo entiendes que los verdaderos amigos son contados, y que el que no lucha por ellos tarde o temprano  se vera rodeado solo de amistades falsas. 
 
    Con el tiempo aprendes que las palabras dichas en un  momento de ira pueden seguir lastimando a quien heriste,  durante toda la vida. 
 
    Con el tiempo aprendes que disculpar cualquiera lo hace,  pero perdonar es solo de almas grandes. 
 
    Con el tiempo comprendes que si has herido a un amigo  duramente, muy probablemente la amistad jamas volverá  a ser igual.
 
    Con el tiempo te das cuenta de que aunque seas feliz con tus amigos, algún día lloraras por aquellos que  dejaste ir. 
 
    Con el tiempo te das cuenta de que cada experiencia  vivida con cada persona es irrepetible.
 
Luis Borges

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