Archivo mensual: febrero 2007

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Un Gran Hombre ¿Será que existe?

Es la primera vez que escribo sobre nosotros… los hombres. Hombres que siempre nos caracterizamos por ser el sexo fuerte, aunque muchas veces caemos por debilidad.
 
Un día, mi hermana lloraba en su habitación. Con mucha nostalgia, observé que mi padre se le acercó y le preguntó el motivo de su tristeza. Los escuché hablando por horas, pero hubo una frase tan especial que dijo mi padre esa tarde, que hasta el día de hoy, 8 años más tarde, la recuerdo cada mañana y me llena de fuerza.
 
Mi padre acariciándole el rostro, le dijo: "Hija mía, enamórate de un Gran Hombre y no volverás a llorar". Me pregunté tantas veces, cuál era la fórmula exacta para llegar a ser ese gran hombre y no dejarme vencer por las pequeñeces.
 
Conforme pasan los años descubrimos que si tan sólo todos los hombres lucháramos por ser grandes de espíritu, grandes de alma y grandes de corazón ¡El mundo sería completamente distinto!
 
Aprendí que un Gran Hombre… no es aquel que compra todo lo que desea, pues somos tantos que hemos comprado hasta el cariño y el respeto de quienes nos rodean. Mi padre le decía: "No busques a un hombre que sólo hable de sí mismo, sin preocuparse por ti… Ni a aquel que se pase las horas halagando sus propios logros… No te aferres a un hombre que te critique y te diga lo mal que te ves, o lo mucho que deberías cambiar. ¿Para qué quieres a un hombre que te abandonará si no cambias, o que te deje por un cabello mas claro, o por  unos ojos de otro color, o por un cuerpo más esbelto… si no supo admirar la verdadera belleza que hay en ti?”
 
¿Cuántas veces me dejé llevar por la superficialidad de las cosas, haciendo a un lado a quienes realmente me entregaban su sinceridad e integridad? Me costó trabajo comprender que GRAN HOMBRE no es el que llega más alto, ni el que tiene más dinero, casa, auto, ni quien vive rodeado de mujeres, ni mucho menos el más guapo.
 
Un verdadero y gran hombre, es aquel ser humano lleno de transparencia, que no oculta sus verdaderos sentimientos ni se refugia en vicios y cortinas de humo, es el que abre su corazón sin rechazar la realidad, es quien admira a una mujer por sus cimientos morales y grandeza interior. Un Gran Hombre, es el que camina de frente, sin bajar la mirada; es aquel que no miente y sabe llorar su dolor.
 
Hoy mi hermana está felizmente casada, y ese Gran Hombre con quien se casó, no era ni el más popular, ni el más perseguido, ni el más solicitado, ni  mucho menos el más adinerado. Ese Gran Hombre es quien simplemente nunca la hizo llorar. Es quien la hace sonreír por lo mucho que han logrado juntos, por todos sus recuerdos, por cada Alegría que comparten y por esos tres hijos que llenan sus vidas. Ese Gran Hombre, ama tanto a mi hermana que no se cansa de besar sus manos y sus labios. La quiere por lo que ella es, y por lo que son cuando están juntos.
 
¡Aprendamos a ser uno de esos Grandes Hombres, para que vivamos el paso de los años de la mano de una Gran Mujer y nada ni nadie nos puedan vencer!

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Logo

    Aquí está el logo ganador del Concurso de Praderas Huastecas, afortunadamente fue el mío, aunque lo deseaba no lo esperaba, muchas gracias por valorar mi humilde trabajo y esfuerzo…
 

 
 

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Un Cuento a la Vida y al Amor

    Cuentan que una vez se reunieron en un lugar de la tierra todos los sentimientos y cualidades del hombre. Cuando EL ABURRIMIENTO había bostezado por tercera vez, LA LOCURA, como siempre tan loca, les propuso: “¿Vamos a jugar a las escondidas?” LA INTRIGA levantó la ceja intrigada y LA CURIOSIDAD, sin poder contenerse preguntó: “¿A las escondidas? ¿Y cómo es eso?”
 
    Es un juego – explicó LA LOCURA – en que yo me tapo la cara y comienzo a contar desde uno hasta un millón mientras ustedes se esconden y cuando yo haya terminado de contar, el primero de ustedes que encuentre, ocupará mi lugar para continuar el juego.
 
    EL ENTUSIASMO bailó secundado por LA EUFORIA, LA ALEGRÍA dio tantos saltos que terminó por convencer a LA DUDA, e incluso a LA APATÍA, a la que nunca le interesaba nada. Pero no todos quisieron participar, LA VERDAD prefirió no esconderse, ¿Para qué? Si al final siempre la hallaban, LA SOBERBIA opinó que era un juego tonto (en el fondo lo que le molestó era que la idea no se le hubiera ocurrido a ella) y LA COBARDÍA prefirió no arriesgarse.
 
    Uno, dos, tres… comenzó a contar LA LOCURA.
 
    La primera en esconderse fue LA PEREZA, que como siempre se dejó caer tras la primera piedra del camino. LA ENVIDIA se escondió tras la sombra de EL TRIUNFO, que con su propio esfuerzo había logrado subir a la copa del árbol más alto.
 
    LA GENEROSIDAD casi no alcanzaba a esconderse, cada sitio que hallaba le parecía maravilloso para alguno de sus amigos… ¿Un lago cristalino? Ideal para LA BELLEZA; ¿La hendija de un árbol? Perfecta para LA TIMIDEZ; ¿El vuelo de una Mariposa? Lo mejor para LA VOLUPTUOSIDAD; ¿Una ráfaga de Viento? Magnífico para LA LIBERTAD. Así terminó por ocultarse en un rayito de sol.
 
    EL EGOÍSMO, en cambio encontró un sitio muy bueno desde el principio, ventilado, cómodo… pero solo para él.
 
    LA MENTIRA se escondió en el fondo de los océanos (mentira, en realidad se escondió detrás del arco iris) y LA PASIÓN y EL DESEO en el centro de los volcanes. EL OLVIDO… se me olvidó donde se escondió… pero eso no es lo importante. Cuando LA LOCURA contaba 999,999 EL AMOR aún no había encontrado sitio para esconderse, pues todo se encontraba ocupado… hasta que divisó un rosal y enternecido decidió esconderse entre sus flores.
 
    Un millón – contó LA LOCURA y comenzó a buscar.
 
    La primera que encontró fue LA PEREZA solo a tres pasos de un piedra. Después escuchó LA FE discutiendo con Dios en el cielo sobre teología y a LA PASIÓN y EL DESEO los sintió en el vibrar de los volcanes. En un descuido encontró a LA ENVIDIA y claro, así pudo deducir donde estaba EL TRIUNFO.
 
    EL EGOÍSMO no tuvo ni que buscarlo. El solito salió disparado de su escondite que había resultado ser un nido de avispas. De tanto caminar sintió sed y al acercarse al lago descubrió a LA BELLEZA y con LA DUDA resultó más fácil, pues la encontró sentada sobre una cerca sin decidir aún de que lado esconderse.
 
    Así fue encontrando a todos, EL TALENTO entre las hierbas frescas, a LA ANGUSTIA en una cueva oscura, a LA MENTIRA detrás del arco iris (mentira, si ella se había escondido en el fondo del océano) y hasta EL OLVIDO… que ya se había olvidado que estaba jugando a las escondidas, pero solo EL AMOR no aparecía por ningún sitio.
 
    LA LOCURA buscó detrás de cada árbol bajo, cada arroyuelo del planeta, en la cima de las montañas y cuando estaba por darse por vencida divisó un rosal y sus flores… y tomó una horquilla y comenzó a mover las ramas, cuando de pronto un doloroso grito se escuchó. Las espinas habían herido los ojos a EL AMOR; LA LOCURA no sabía que hacer para disculparse, lloró, rogó, pidió perdón, imploró y hasta prometió ser su lazarillo. Desde entonces; desde que por primera vez se jugó a las escondidas en la tierra:
 
    EL AMOR ES CIEGO Y LA LOCURA SIEMPRE LO ACOMPAÑA…

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Señales Erróneas (Gina Halliwell)

    Existen muchas clases de libros: libros de poesía para las niñas cursis, libros de texto para los niños ñoños, antologías con cuentos para quienes viven de fantasías, y hasta libros que analizan novelas para quienes anden de ociosos.
 
    Hay un tipo de libro especialmente inútil: los diccionarios, compuestos por millones de palabritas que pretenden explicarse a sí mismas. En estos libros hay  algunas definiciones razonables y muchas otras ridículas, pero la peor es la que se da a una palabra conocida como  amor: "sentimiento apasionado"… y ya, éso es todo lo que el grandioso diccionario dice al respecto, siendo que el amor es tan complejo que algunas veces no se sabe cuándo se siente y cuándo no.
 
    El amor suele confundirse con otras pasiones menores (amistad, cariño, atracción sexual, posesión), así que a veces uno cree estar enamorada de algún fulano sin que esto sea cierto, pero en otras ocasiones conoces a la mujer de tu vida sin siquiera imaginarlo. Aún no se sabe por qué se siente "amor" por equis persona, en qué momento surge esta emoción y mucho menos cómo desaparecerla cuando comienza a hacer daño; en qué lugar se instala este sentimiento que hace que un corazón palpite más rápido o que el estómago dé vueltas y vueltas sin parar… Lo más sensato sería decir que el amor invade todo el cuerpo de algunas personas, mientras que hay muchas otras que son incapaces de sentirlo.
 
    No hay amores buenos o malos, y no es culpa del amor si el otro sujeto resulta ser un verdadero fiasco. Científicos, poetas, cineastas y músicos han desperdiciado sus vidas tratando de analizar qué demonios es el amor, solamente para terminar confesando que no tienen la más remota idea pues el amor está muy por encima de los seres humanos y jamás habrá alguno que logre comprenderlo. (Nunca falta un incrédulo que asegure que el amor es una estrategia publicitaria para tener que comprar chocolates y muñequitos cada que al calendario se le da la gana.)
 
    De vez en cuando sucede que dos personas creen estar enamoradas, sin que importen los motivos y así les parezca o no. Entonces pueden pasar muchas cosas: que lo confiesen de inmediato o se queden callados de por vida, que uno no sienta lo mismo o que ambos decidan ser novios, que se juren fidelidad eterna o que la relación no dure ni un solo día, que deseen tener hijos o que alguien los obliguen a casarse, que estén juntos "hasta que la muerte los separe" o que se divorcien y se olviden para siempre de que el otro existió. Todo esto dependerá del nivel de (in)madurez en que se encuentren los involucrados, además de otros factores igualmente importantes como el qué tan odiosas son sus respectivas familias, la educación que recibieron desde la primaria, si acaso tienen gustos parecidos y hasta si les agrada cierta comida o no.
 
    Pero cuando un niño ve por primera vez a una niña, no se pone a pensar en nada de lo anterior sino que se fija en otras cuestiones muchísimo más importantes: si la niña es alta y delgadita, si su cabello es largo, lacio y con aroma a fresas recién cortadas, si tiene ojos suficientemente grandes para reflejarse en ellos, etcétera. Si al niño le gusta lo que ve, hará todo lo posible por acercarse a la niña y conocer su olor, su voz y qué vicios insoportables tiene, a ver si puede aguantarlos o no. Claro que la niña hace la misma investigación pero se fija además en si dicho niño es atento, caballeroso y amable (para algunas niñas también cuenta como cualidad el tener un automóvil) para decidir si permitirá o no que el niño continúe y darle unos cuantos empujones si él se atasca en el camino o quiere desviarse hacia alguna otra parte.
 
    Pero si el niño desiste por completo sin dar ninguna explicación, lo más probable es que la niña comience su propio ataque; y es verdad que las niñas suelen ser más agresivas pues, cuando a una niña le gusta un niño, no lo suelta ni lo dejará en paz por un muy buen rato… Pero esto no es culpa de las niñas, que por lo general reciben señales erróneas, sino del "emisor", que nuuunca se da cuenta del mensaje que transmite ni tiene idea tampoco de lo que realmente quiere (y peor aún si el niño en cuestión sigue teniendo la mentalidad de un bebito).
 
    Algo así sucedió con un niño: conoció a una niña que le encantó desde el primer momento y creyó que estaba enamorado de ella. Pero esta niña era voluble y tenía tantas fases como la Luna: a veces el niño le caía realmente mal y muchas otras no quería ni despegarse de él. La niña también se enamoró del niño pero al principio no se atrevió a reconocerlo pues decía que él era demasiado bobo para ella. Él vivía por y para la niña: todos los días le enviaba flores, le hacía dibujos y le grababa millones de discos con canciones "100% dedicadas", pero cada vez que el niño declaraba a la niña su gran amor, él no recibía respuestas que no fuesen negativas. Así fue durante  mucho tiempo, hasta que el niño se hartó y decidió no buscar más a esta niña.
 
    Como era de esperarse, ahora era la niña quien comenzaba a extrañar al niño y llegó a la conclusión de que había cometido un grave error al dejarlo ir. La niña intentó acercarse al niño pero él no quiso saber nada al respecto por algunos días, hasta que vio que había perdido todo interés amoroso y que no le afectaría en nada seguir llevándose bien con ella.
 
    Entonces comenzaron las señales erróneas porque la niña no veía al niño como sólo un amigo: en realidad ella estaba en pie de guerra. El niño la invitaba a salir, a comer, a bailar y a todas partes; la niña creía que era porque él todavía la amaba pero no podía estar más equivocada: el niño ahora la quería como podía querer a cualquier otra amiga con la que además se llevaba muy bien, pero ella no lo sabía (o no lo quería saber) y ninguno de los dos se molestó nunca en aclarar ciertas cosas. El niño le daba alas a la niña, alas que ella se ponía para desaparecer flotando entre estrellas y nubes rosas. Y claro: como al niño todavía le gustaba físicamente esta niña, una noche la besó apasionadamente y la niña creyó que había sido un "beso de amor"… Pero no: sólo había sido un beso, un beso en los labios que se puede dar a cualquier amiga, uno de esos besos sin importancia que hasta pueden darse a manera de despedida.
 
    La niña finalmente se atrevió a declarar su amor al niño, pero él rechazó rotundamente este sentimiento y lo dobló en cuatro partes para meterlo en una cajita y regresárselo a su dueña, pues ese amor pertenecía sólo a ella: el niño no lo quería. La niña decidió no renunciar y seguir intentando de todas las maneras posibles, pero nada funcionó y entonces su sonrisa se apagó hasta quedar envuelta por un halo de interminable tristeza.
 
    La niña hizo polvito todo el amor que el niño le regresara y lo guardó en un frasco lleno de lágrimas; cerró los ojos, levantó el pequeño frasco y, de un solo trago, se bebió todo el contenido: ella sabía mejor que nadie que, así como la falta de amor es dañina, el amor en exceso envenena. La niña se dio cuenta de que su corazón había estallado porque la piel se le puso morada. Ella sabía que aún le quedaban los suficientes minutos de vida para sacar cada uno de los fragmentos de corazón en su pecho y pegarlos con mucho cuidado con cinta adhesiva. Antes de caer al piso, la niña guardó su corazón roto en la misma cajita en que el niño le regresara su amor.
 
    Al principio él no supo qué hacer con el corazón remendado que había recibido por correo, pero al enterarse de la muerte de la niña se dirigió al cementerio y aventó la cajita al foso abierto donde ella sería enterrada al día siguiente: el niño ya no quería nada que tuviese que ver con esa niña.
  

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