Mi hermosa princesa…

Es el tercer día de la semana y el ruido de los equipos de producción me roban mi concentración. Han pasado poco más de un par de meses desde la última vez que nos vimos, y a pesar de que cada día dueles menos (gracias a la rutina y al tiempo que todo lo mitiga), aún te recuerdo. Siento que no debería escribir sobre ti, no porque no lo merezcas sino porque no quiero revivir viejas heridas, sin embargo hay algo pendiente, que siento, faltó por decirnos o por decirte, y estoy seguro que de alguna manera me servirá de terapia el poder escribirlas.

Es cierto, tú y yo compartimos muchas cosas cuando estuvimos juntos, y te aseguro que esos momentos los atesoro como unos de los mejores de mi vida. Fue un poco chusca la manera en que nos conocimos, bueno… a decir verdad… ya nos conocíamos porque trabajábamos en la misma empresa pero jamás hubo un acercamiento serio de mi parte hacia ti por las tontas políticas de prohibición de relaciones entre sus empleados y porque también tú tenías una pareja estable en esos momentos. Pero el destino se encargó de darnos una oportunidad y no me arrepiento de haberla tomado.

¿Recuerdas? Fue cuando nos mudamos de casa que te volví a ver. Estabas hermosa y tu sonrisa era radiante. Te vi y te sonreí… tú me devolviste la sonrisa y te metiste a tu casa corriendo como una niña que hubiese hecho una travesura. Te mandé un mensaje y te agregué en mi redes sociales. No tardaste mucho en contestar, fue muy lindo platicar contigo por primera vez sin presiones, ya que hacía tiempo habías renunciado a tu empleo en la empresa. De la plática vinieron las imágenes, las confesiones, los relatos, las canciones, las indirectas, las directas y por último la confianza de poder vernos en mi casa y tomar una taza de café.

Ese día me sentía un poco nervioso, debo admitirlo, pero fue muy bonito que invadieras mi cocina y prepararas el café, mientras yo colocaba la mesa y ponía en una bandeja el pan que compré para esa ocasión. La plática fue muy agradable y se prolongó demasiado. Te despediste pero con ganas de no irte. Esa noche seguimos platicando por mensajes y nació algo palpable entre nosotros, limpio e inocente. Quedamos de volver a vernos al otro día y así fue, nos sentamos juntos en el sofa de la casa y retomamos la plática de la noche anterior. Cuando de repente y sin pensar te dí un beso… tú, me correspondiste y ahí empezó una de las historias más bonitas de mi vida. Pude conocerte mucho más, tu inocencia, tus miedos, tus inseguridades, tus fortalezas, tu ternura… supe tantas cosas de ti que empezó a nacer en mi un sentimiento que hacía mucho no tenía, “algo” que me hacía querer protegerte de todo y de todos, “algo” que me impulsaba a decirte que todo estaría bien de ahora en adelante.

Aún tengo en mi memoria la tarde que te pedí ser mi novia… fue muy lindo y tierno, nos llenamos de besos y miradas con las que no hacía falta decir nada, todo estaba implícito en cada uno de ellas. Nos abrazamos, te acomodaste en mi pecho como queriendo oir lo que mi corazón decía, mientras yo besaba tu pelo y te decía que estaba muy feliz por tu respuesta. De sólo recordar la escena, se me ha escapado una sonrisa de complicidad por lo emotivo del momento.

¿Recuerdas también el día que te dieron un nuevo empleo? Esa noche estuvo llena de confusiones y malos entendidos, sólo de recordarlo, me da un poco de nostalgía y me sonrío irónicamente por lo tonto de la situación. Imagina el escenario: “Yo, organizando una cena sorpresa con velas y flores para celebrar tu nuevo trabajo, y después yo botando todo a la basura porque se prolongó tanto la junta de la designación de los puestos donde iba incluido el tuyo que llegaste ya muy tarde, sin contar conque hiciste todo lo posible para que te vinieran a dejar a casa primero y contármelo todo”. La verdad me da risa no por ti, ni por la situación, sino por lo patético que estuve. Pensé que había terminado todo, te mandé una imagen y correspondiste con otra similar, platicamos y resolvimos el problema. Esa separación nos dolió mucho a ambos, pero creo que después de ese suceso nuestra relación fue mucho mejor en todos los sentidos.

Me encantaba estar contigo, escucharte, ver como te desvivías por tu hija, tu familia y tus amistades. Tus gestos, tu sonrisa, tus miradas, la forma en que bromeábamos y el como te dirigías a mi. Fue algo a lo que estaba dispuesto a acostumbrarme para el resto de mi vida, sin embargo, no todas las cosas salen como uno quisiera. Bien dicen: “Quieres hacer reír a Dios… cuéntale tus planes”. Sigo sin comprender el por qué nos dijimos adiós, es decir, recuerdo los diálogos, las excusas que nos dimos y la decisión que tomamos, pero creo que nos quedamos a deber algo, que te quedé a deber algo. Honestamente creo que no debí dejarte ir, debí pelear, insistir, vernos, platicar, arreglar las cosas entre nosotros y no terminar como ahora, como dos completos extraños en un mundo en el que vivimos a una pedrada de distancia.

Hice todo lo contrario… lo hecho, hecho está. Desde hace mucho aprendí a vivir con las consecuencias de mis actos, y si bien, no siempre he tomado las mejores decisiones, al menos obtengo la experiencia que me brindan y me hacen ser mucho mejor persona cada día. Aprendí a no dejarme vencer por las situaciones que la vida nos plantea. Estoy consiente de que todas las complicaciones que se nos presentan, son como la sal que se le agrega a la comida, sin ella, la vida seria muy simple y sin sazón. No te guardo rencor, no te odio, ni mucho menos te deseo mal alguno. Fuiste una parte muy importante en mi vida y te agradezco por todo el tiempo que compartimos juntos. Te deseo todo lo mejor del mundo, lamento no poder ser tu amigo en estos momentos y me disculpo por no haber podido terminar en mejores términos. Tal vez con el tiempo podamos volver a vernos y tratar de serlo… Dios dirá. Eres una persona maravillosa con un corazón enorme y lleno de ternura. ¿Sabes? Ya no duele tanto… y estas letras que acabas de lees, lo demuestran. Creo que eso es lo que me faltó por decirte.

Que Dios te bendiga siempre…
Mi hermosa princesa.

JMRL

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Lo más importante que he hecho en mi vida…

    En cierta ocasión, durante una charla que di ante un grupo de profesionales, me hicieron esta pregunta:

“¿Qué es lo más importante que ha hecho en su vida?”

    En mi calidad de ingeniero industrial, sabía que los asistentes deseaban escuchar anécdotas sobre mi trabajo, entonces les respondí: “Lo más importante que he hecho en la vida, tuvo lugar el 8 de octubre de
1990. Comencé el día jugando al golf con un amigo mío al que no había visto en mucho tiempo. Entre jugada y jugada me contó que su esposa y él acababan de tener un bebé”.

    Mientras jugábamos, llegó el padre de mi amigo, que consternado, le dijo que al bebé se lo habían llevado de urgencia al Hospital. En un instante, mi amigo se subió al auto de su padre y se marchó. Yo, por un momento, me quedé donde estaba, sin saber qué debía hacer ¿Seguir a mi amigo al hospital? Mi presencia allí, me dije, no iba a servir de nada, pues la criatura estará al cuidado de médicos y enfermeras, y nada de lo que
yo hiciera o dijera iba a cambiar las cosas ¿Brindarle mi apoyo moral? Eso,
quizás, pero tanto él como su esposa provenían de familias numerosas, y sin duda estarían rodeados de parientes, que les ofrecerían el apoyo necesario. Lo único que haría yo, sería estorbar. Así que decidí ir más tarde al
hospital a visitar a mi amigo. Al poner en marcha mi coche, me percaté que
mi amigo había dejado su todoterreno con las llaves puestas, estacionado
junto a las canchas. Decidí entonces cerrar su coche e ir al hospital a
entregarle las llaves. Como supuse, la sala de espera estaba llena de
familiares. No tardó en presentarse un médico, que se acercó a la pareja,
comunicándoles en voz baja que su bebé había fallecido. Los padres se
abrazaron y lloraron, mientras todos los demás los rodeamos en medio del
silencio y el dolor. Al verme mi amigo, se refugió en mis brazos y me dijo:
“Gracias por estar aquí”. Durante el resto de la mañana, permanecí sentado en la sala de urgencias del hospital, viendo a mi amigo y a su esposa sostener en brazos a su bebe y despedirse de él. “Esto es lo más importante que he hecho en mi vida”, y aquella experiencia me dejó tres enseñanzas:

  • Primera: lo más importante que he hecho en la vida, ocurrió cuando no había absolutamente nada que yo pudiera hacer. Nada de lo racional que aprendí en la universidad, ni en el ejercicio de mi profesión, me sirvió en tales circunstancias. A dos personas les sobrevino una desgracia y lo único que pude hacer fue acompañarlos y esperar. Pero estar allí, era lo principal.
  • Segunda: aprendí que al aprender a pensar, casi me olvido de sentir
  • Tercera: aprendí que la vida puede cambiar en un instante.    

    Así pues, hacemos planes y concebimos nuestro futuro como algo real, y olvidamos que perder el empleo, sufrir una enfermedad grave  o un accidente y muchas de otras cosas más, pueden alterar ese futuro en un abrir y cerrar de ojos. Desde aquel día, busqué un equilibrio entre el trabajo y la vida. Aprendí que ningún empleo compensa perderse unas vacaciones, romper con la pareja o pasar un día festivo lejos de la familia. Y aprendí que lo más importante en la vida, no es ganar dinero, ni ascender en la escala social, ni recibir honores. Lo más importante en la vida, es el tiempo que dedicamos a cultivar una amistad.

    Por eso doy infinitas gracias a Dios por:

  1. Por mis hijos que NO limpian sus cuartos, pero están viendo la tele, porque significa que están en casa y no en las calles.
  2. Por los descuentos en mi sueldo, porque significa que estoy trabajando.
  3. Por el desorden que tengo que limpiar después de una fiesta, porque significa que estuvimos rodeados de seres queridos.
  4. Por el ruido de las campanas de la iglesia, porque eso significa que está junto a mi casa y no he de realizar sacrificados desplazamientos como ocurre en zonas remotas del planeta y además, puedo libremente asistir sin que peligre mi vida, como en otros países.
  5. Por la ropa que me queda un poco ajustada, porque significa que tengo más que suficiente para comer.
  6. Por mi sombra que me ve trabajar, porque significa que puedo ver salir al sol.
  7. Por el césped que tengo que cortar, ventanas que necesito limpiar, cañerías que arreglar, porque significa que tengo una casa.
  8. Por las quejas que escucho acerca del gobierno, porque significa que tenemos libertad de expresión.
  9. Porque no encuentro estacionamiento, porque significa que tengo un automóvil.
  10. Por los gritos de los niños, porque significa que puedo oír.
  11. Por la ropa que tengo que lavar y planchar, porque significa que me puedo vestir.
  12. Por el cansancio al final del día, porque significa que fui capaz de trabajar duro.
  13. Por el despertador que suena temprano todas las mañanas, porque significa que… ¡Estoy vivo!
  14. Y finalmente, por la cantidad de correos electrónicos que recibo, por mis contactos en las redes sociales,  porque significa que tengo amigas y amigos que piensan en mí y porque significa que tengo dispositivos con conexión a Internet.

¡Cuántas cosas hay que agradecer al Señor que nos parecen obvias!

http://webcatolicodejavier.org/lomasimportante.html 

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C.P. la mejor de mis historias.

La noche pronosticaba lluvias, pero eso no impedía que nuestros ánimos subieran. Todo pintaba para un fin de semana igual que el de los últimos 3 meses: salir con los amigos, tomar cerveza, algo de whisky y una carne asada. Llegamos a una tienda de servicio exprés para realizar nuestras compras, nada exagerado, un par de bolsas de hielo, una botella de whisky, bebidas energizantes y un par de paquetes de 24 latas de cerveza. Después de pagar y salir es cuando la vi… estaba sentada en su camioneta mandando mensajes mientras su mamá y su sobrina realizaban las compras en dicha tienda. En ese momento sentí que el tiempo literalmente se detenía, ahí estaba yo, embelesado, viéndola… ella no reparó en mi presencia sino hasta instantes después. Se me quedó viendo y yo quedé inmóvil… sus hermosos ojos cafés me habían hipnotizado al grado que mi primo me tuvo que sacar de ese trance al moverme y decirme que teníamos que irnos. Le di una mirada por última vez a sus ojos y le dediqué una sonrisa tímida, más por pena que por educación, porque jamás me había comportado de esa manera. Atisbé una pequeña mueca de sonrisa en ella, que después supe fue más con miedo que por corresponderme.

 

Mi primo, al darse cuenta de la situación, te reconoció y mencionó tu nombre. Me dijo que eras amiga de una ex-novia, o de la novia de un amigo de él, la verdad no puse mucha atención porque estaba tratando de grabarme tu nombre para después probar fortuna y ver si podría localizarte en alguna red social. La noche pasó de lo más normal, cenamos, bebimos, cantamos, reímos, nos divertimos sanamente y terminamos por irnos a descansar. Al día siguiente, aún tenía esos hermosos ojos, pero ya con un nombre, en mi mente. Busqué en las redes sociales y tuve la dicha de encontrarte, vi tu perfil, rezando para que no fuera privado y cerciorarme de que eras tú, y así fue. Me emocioné, lo admito, te mandé un mensaje en privado con la ilusión de poder entablar una conversación contigo y disculparme por el atrevimiento primero de lo ocurrido la noche anterior y después por enviarte ese mensaje sin conocerte.

 

Pero esperé en vano… no hubo respuesta, esperé por algunos días, semanas, y nada. Me desanimé un poco, pero hice algo que normalmente no hago, te envié una solicitud de amistad, pasaron otros días, y perdí toda esperanza, no creí que me aceptaras, pero lo hiciste. Te mandé un mensaje y empezamos a platicar, me presenté te dije quién era, de dónde te conocía, lo que había pasado aquella noche, pero tú no me recordabas. Sentí pena por mí, era lógico pensar que no te acordaras de esa noche después de tanto tiempo. Me desanimé y di por enterrado ese asunto. Traté de seguir mi vida de manera normal, pero el hecho de tenerte agregada a mi red social, ver tus estados, tus fotos, los enlaces que compartías, tus comentarios chuscos, me complicaban un poco el poder renunciar a ti.

 

Un día escribiste en uno de tus estados de ánimo lo mal que te sentías, te mandé un mensaje en privado y no me respondiste. Yo imaginé que no estabas interesada en hacerlo y fue que empecé a hacerme la idea que era mejor así. Pasaron más días y semanas, yo estaba revisando mis correos cuando me llegó un mensaje tuyo disculpándote porque normalmente nunca checas los mensajes privados porque eran muy incómodos y tardados con esa red social, recordaste quien era, dónde me habías visto y hasta lo que llevábamos esa noche. Fue una situación demasiado cómica el acordarnos de todo eso y de ver que en lugar de sentir intriga hacia mi persona, te dio miedo que les fuéramos a hacer algo. Seguimos platicando, intercambiamos números  y nuestra relación se fortificó un poco más. Ya no éramos dos desconocidos que el destino presentó en el estacionamiento de una tienda, éramos amigos. Después de nuestros constantes mensajes vinieron las llamadas nocturnas, no me importaba desvelarme si tú eras la causa, aun sabiendo que tenía que despertarme a las 4:30 AM. Nada de eso importaba con tal de oír tu voz.

 

Me sentía ilusionado, creí que por fin Dios se había acordado de mí… pero nada dura para siempre. La ilusión se convirtió en desencanto, las malas influencias, los comentarios malintencionados, los malos pensamientos y la falta de confianza, hicieron presencia en esa relación tan hermosa que yo creí que teníamos y terminó mandando todo al diablo. Te dijeron que era casado y les creíste, dijiste que habías confiado en mí y me cuestionaste el por qué te había mentido. Traté de explicarte, de decirte que todo era una vil mentira, que no creyeras nada de lo que te habían dicho. Me comprometí a llevarte a mi casa y presentarte a mi familia para que salieras de dudas. Llegué al grado de ofrecerte mi contraseña de la red social para que te dieras cuenta que no era cierto, pero no me respondiste, ni los mensajes, ni mis llamadas. Dolió… mucho… no te voy a mentir, los últimos días he aparentado una fortaleza que en mi intimidad se derrumba para dar paso a la tristeza, la melancolía y la impotencia de no saber nada de ti.

 

De repente aquí estabas… de nuevo… disculpándote como la primera vez, diciendo que me habías leído, que pensaste mucho en lo que te había dicho, pero nunca dijiste si seguíamos igual aunque tampoco te alejaste. Mis castillos en el aire ya eran ruinas, derribaste mis murallas con una mirada, me rompiste el corazón con tu indiferencia y mis ánimos quedaron por el suelo. No sabía qué pensar, no sabía a dónde nos llevaría esto ni lo que nos tuviera deparado el futuro, quise pelear por ti, darnos otra oportunidad pero sólo tú tenías la decisión.

 

No hubo respuesta alguna, así que opté por alejarme de ti y cortar de tajo todo contacto contigo. Entendí que el daño ya estaba hecho y no podía hacer nada para resarcirlo. Terminamos tal como al inicio… como dos perfectos extraños. No te deseo ningún mal, al contrario, te deseo todo lo mejor del mundo porque eres una hermosa persona. Fue grandioso lo que vivimos y siempre estaré agradecido con Dios por haberte conocido. Fuiste lo mejor que me pasó este año, fuiste y siempre serás… la mejor de mis historias.


JMRL

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Sólo tiene mujer quien puede…

    El irrespeto por la naturaleza ha afectado la supervivencia de varios seres, y entre los más amenazados está la hembra de la especie humana. Tengo apenas un ejemplar en casa que mantengo con mucho celo y dedicación, pero en verdad creo que es ella la que me mantiene. Por lo tanto, por una cuestión de auto-supervivencia, lanzo la campaña: “Salvemos a las mujeres”.

    Tomen de acá mis pocos conocimientos sobre la fisiología de la feminidad, con el fin de que preservemos los raros y preciosos ejemplares que todavía quedan:

1. Hábitat: La mujer no puede vivir en cautiverio. Si está enjaulada, huirá o morirá por dentro. No hay cadenas que las aten y las que se someten a la jaula pierden su DNA. Usted jamás tendrá la posesión sobre una mujer; lo que la va a atar a usted es una línea frágil que necesita ser reforzada diariamente.

2. Alimentación correcta: Nadie vive de la brisa. La mujer vive de cariño. Déle en abundancia. Es cosa de hombre, y si ella no lo recibe de usted, lo buscará en otro. Besos matinales y un “yo te amo” al desayuno las mantienen bellas y perfumadas durante todo el día. Un abrazo diario es como el agua para los helechos. No la deje deshidratarse. Por lo menos una vez al mes es necesario, si no obligatorio, servirle un plato especial.

3. Flores: También hacen parte del menú. Mujer que no recibe flores se marchita rápidamente y adquiere rasgos masculinos como la brusquedad y el trato áspero.

4. Respete la naturaleza: ¿No soporta la TPM (Tensión Pre-Menstrual)? ¡Cásese con un hombre! Las mujeres menstrúan, lloran por cualquier cosa, les gusta hablar de cómo les fue en el día, de discutir sobre la relación. Si quiere vivir con una mujer, prepárese para eso.

5. No restrinja su vanidad: Es propio de la mujer hidratar las mechas, pintarse las uñas, echarse labial, estar todo un día en el salón de belleza, coleccionar aretes, comprarse muchos zapatos, pasar horas escogiendo ropas en un centro comercial. Comprenda todo esto y apóyela.

6. El cerebro femenino no es un mito: Por inseguridad, la mayoría de los hombres prefiere no creer en la existencia del cerebro femenino. Por ello, buscan aquellas que fingen no tenerlo (y algunas realmente lo jubilaron). Entonces, aguante, que mujer sin cerebro no es mujer, sino un simple objeto decorativo. Si usted está cansado de coleccionar estatuillas, intente relacionarse con una mujer. Algunas le mostrarán que tienen más materia gris que usted. No les huya… aprenda con ellas y crezca. Y no se preocupe; al contrario de lo que ocurre con los hombres, la inteligencia no funciona como repelente para las mujeres.

7. No haga sombra sobre ella: Si usted quiere ser un gran hombre, tenga una mujer a su lado, nunca atrás. De esa forma, cuando ella brille, usted se bronceará. Sin embargo, si ella está atrás, usted llevará una patada en el trasero.

8. Acepte: Mujeres también tienen luz propia y no dependen de nosotros para brillar. El hombre sabio alimenta los potenciales de su compañera y los utiliza para motivar los propios. Él sabe que, preservando y cultivando la mujer, estará salvándose a sí mismo.

    Mi amigo, si usted piensa que la mujer es demasiado costosa, vuélvase GAY.  ¡Sólo tiene mujer quien puede!

 
Luis Fernando Veríssimo

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Sólo un sueño más de ti…

Anoche te volví a soñar… íbamos en un medio de transporte colectivo rumbo a casa saliendo de trabajo. Yo iba sentado solo, meditando las actividades que había dejado pendientes para el otro día, cuando de repente apareciste. Caminaste hacia mi y me preguntaste si no me molestaba el que te sentaras a mi lado. Yo no sabía que responder… me quedé sin habla, sólo sonreí y tú, tímidamente, me devolviste la sonrisa. Te sentaste de lado encima de mis piernas y te acurrucaste entre mis brazos mientras recargabas tu cabeza sobre mi pecho. Te veías tan indefensa con tu cuerpo tan frágil y pequeño que me maldecía a mi mismo porque en esos momentos libraba una batalla en mi mente por tratar de no tener pensamientos pecaminosos hacia ti, hacia nosotros.

¿Sabes? Empecé a sentir un poco de miedo porque nos veía la gente, y aunque a mi no me importaba, sí sentía temor por ti, porque de antemano sé que no eres libre, que tienes una pareja que aunque también conozco, no me jacto de llamarlo amigo. Tú notaste mi nerviosismo (sí, eso era lo que en realidad sentía), y me dirigiste una mirada tierna haciéndome entender que todo estaba bien, que necesitabas ese abrazo, que tanta falta te hacía. Yo seguía embelesado y perdido en la profundidad de tus ojos cuando el chofer detuvo la unidad anunciando con esto la llegada a nuestro destino. Bajamos tomados de la mano mientras la gente murmuraba en voz baja y nos veía con malos ojos pero no les dimos importancia. Caminamos una cuadra, luego otra y otra más hasta que perdí la cuenta. Francamente no me importaba a donde íbamos mientras fuera contigo… ¡Dios! Perdóname porque aunque sé que el desear a la mujer de mi prójimo es faltar a uno de tus preceptos, no pude evitarlo. Llegamos a una calle sino más bien oscura, sí estaba falta de iluminación. Nos detuvimos y volteaste hacia mi, me miraste a los ojos, te erguiste sobre la punta de tus pies y me diste el beso más tierno que jamás he recibido, limpio, puro, lleno de amor, húmedo y cálido a la vez. Soltaste mi mano para tomar mi cuello y yo a su vez tomé tu cintura, y nos envolvimos para hacer ese beso más profundo y tratar de eternizar ese momento maravilloso y memorable. Perdí la noción del tiempo y seguía con mis ojos cerrados cuando sentí que te alejabas, ibas caminando hacia atrás pero te veías feliz, con una sonrisa amplia que iluminaba tu rostro haciendo más perfectas tus facciones, mientras yo sentía que una nostalgia invadía mi corazón, creo que esa era tu manera de despedirte de mi y agradecerme por todo lo que vivimos juntos. Intenté correr hacia ti pero mis pies no respondían, sentí un nudo en la garganta porque quise gritar y pedir que te quedaras, que no me dejaras solo… pero no pude. Era tanta mi desesperación que desperté gritando tu nombre y entonces comprendí que todo había sido un sueño. Volví a mi realidad… a la rutina diaria… volví a morir.

JMRL

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Bebiendo una coca contigo…

Bebiendo coca contigo me divierto más que yendo a San Sebastian, Irun, Hendaya, Biarritz, Bayona o enfermándome del estómago en la Travessera de Gràcia en Barcelona. En parte porque con tu blusa naranja pareces un San Sebastian mejor y más feliz. En parte por mi amor por ti, y en parte por tu amor por el yogurt. En parte debido a los tulipanes de color naranja floreciendo alrededor de los abedules. En parte debido al misterio que nuestras sonrisas asumen ante la gente y las estatuas. Es difícil de creer que cuando estoy contigo puede existir algo tan quieto, tan solemne y definitivamente tan desagradable como las estatuas, justo cuando enfrente, en la tibia luz de las 4 en punto de Nueva York,  vamos a la deriva de ida y vuelta entre nosotros, como el respiro de las ramas de un árbol en un espectacular retrato…

Y el espectacular retrato parece no tener rostros en absoluto, solo pinturas… y de pronto te preguntas: ¿Por qué en el mundo alguien haría eso? Te miro a ti, y preferíria verte a ti que a todos los retratos del mundo. Excepto tal vez por el del “Jinete Polaco” quien veo de vez en cuando, aunque de todos modos está en el Frick, lugar que gracias a Dios aún no conoces, así podemos ir juntos por primera vez. Y el hecho de que te mueves tan hermosamente que cuidas más o menos el Futurismo. Al igual que en casa nunca pienso en el “Desnudo descendiendo las escaleras” o en algún ensayo de un sólo dibujo de Leonardo o Miguel Ángel que solían impresionarme. ¿Y de qué sirve toda la investigación que se ha hecho de los impresionistas? Si nunca tuvieron a la persona adecuada para estar cerca de los árboles en la puesta de sol, o como cuando Mario Marini no selecciono al jinete con el mismo cuidado que al caballo.

Parece que todos fueron engañados con alguna experiencia maravillosa, la cual no será desperdiciada en mi, es por eso que te la cuento…

 

Frank O’ Hara.

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Y tú… ¿Cuándo le limpiaste las manos o pies a tu mamá?

Un joven con un récord académico excelente fue a solicitar un puesto directivo en una gran empresa.

Pasó la primera entrevista, pero el director hace la última entrevista, y es quien toma la decisión final.

El director descubrió, a partir del análisis del Curriculum Vitae, que los logros académicos del joven fueron excelentes en todo momento, desde la escuela secundaria hasta la investigación de postgrado. Nunca había tenido un año en el que no obtuvo excelentes calificaciones.

El director le preguntó: “¿Obtuviste alguna beca en la escuela?”.

El joven respondió: “Ninguna”.

El director le preguntó: “¿Fue tu padre quien pagó los honorarios de tu escuela?”.   El joven respondió: “Mi padre falleció cuando tenía un año de edad, fue mi madre la que pagó todo”.

El director le preguntó: “¿Dónde trabaja su madre?”.

El joven respondió: “Mi madre trabaja lavando y secando ropa”.

El director pidió al joven mostrar sus manos.

El joven mostró un par de manos lisas y perfectas.

El director le preguntó: “¿Alguna vez ha ayudado a su madre a lavar la ropa antes?”.

El joven respondió: “No, mi madre siempre quiso que yo estudiara y leyera más libros. Además, mi madre puede lavar la ropa más rápido que yo”.

El director dijo: “Tengo una petición. Al volver hoy, vaya y limpie las manos de su madre, y luego venga a verme mañana por la mañana”.

El joven sintió que su oportunidad de conseguir el trabajo era muy alta. Cuando regresó, felizmente llamó a su madre para limpiarle las manos. Su madre se sentía extraña, feliz, pero con sentimientos encontrados, y mostró finalmente sus manos a su hijo.

El joven comenzó a limpiar las manos de su madre poco a poco. Sus lágrimas cayeron a medida en que lo hizo. Era la primera vez que se daba cuenta de que las manos de su madre estaban tan arrugadas, y con tan numerosas callosidades y contusiones. Algunas eran tan dolorosas que su madre se estremeció cuando las limpió con sólo agua.

Esta fue la primera vez que el joven se dio cuenta de que era este par de manos que lavaban la ropa todos los días, las que hicieron posible pagar la cuota de la escuela y la universidad. Los moretones en las manos de su madre fueron el precio que pagó por su graduación, por su excelencia académica y su futuro.

Después de terminar la limpieza de las manos de su madre, el joven lavó toda la ropa restante.

Esa noche, madre e hijo hablaron durante un muy largo tiempo.

A la mañana siguiente, el joven fue a la oficina del director.

El Director notando las lágrimas en los ojos del joven, le preguntó: “¿Puede usted decirme qué ha hecho y qué aprendió ayer en su casa?”.

El joven respondió: “Yo limpié las manos de mi madre, y también terminé de lavar toda la ropa que aún quedaba”.

El Director le preguntó: “Por favor… ¿Dígame qué siente?”.

El joven dijo:

  •     Número 1: Ahora sé lo que es la apreciación. Sin la abnegación de mi madre, no habría tenido hoy éxito.
  •     Número 2: Al trabajar juntos y ayudar a mi madre, sólo ahora me doy cuenta de lo difícil y duro que es conseguir que se haga algo.
  •     Número 3: He llegado a apreciar la importancia y el valor de la relación familiar.

El Director dijo: “¡Esto es lo que estoy buscando en mis gerentes! Quiero contratar a una persona que aprecia la ayuda de los demás, una persona que conoce el sufrimiento de los demás para hacer las cosas, y una persona que no pondría el dinero como su única meta en la vida. Está usted contratado.”

Con el paso del tiempo, este joven trabajó muy duro, y recibió el respeto de sus subordinados. Cada empleado trabajó con diligencia y en equipo. El desempeño de la empresa mejoró enormemente.

 

Con atención a muchos que se dicen jefes o supervisores de la Empresa…

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